sábado, 3 de octubre de 2015

Wake me up when September ends!

Con el título de un temazo de Green Day (Lisboa 2013, inolvidable) titulo esta entrada para un mes de septiembre lleno de conciertos, Idaho, escapadas de fin de semana, Comic Con, rodeos, dinosaurios, celebraciones y trabajo en la escuela. Queridos lectores del blog: no olvidéis que estoy en Utah trabajando como maestro de español en una Elementary School y todas las actividades y viajes que cuento por aquí las hago en mi tiempo libre, fines de semana, festivos y días de compensación. Con buena organización y curiosidad, hay tiempo para todo.

En esta entrada voy a condensar todas las actividades de fin de semana que Jose y yo hemos hecho en un largo mes de septiembre. La vida en la escuela continúa estupendamente, con todos los truquitos aprendidos del curso anterior y aplicándolos cada día. Esta semana hemos celebrado las primeras Conferencias con los Padres y Madres de los alumnos, agotadoras, pero mucho más llevaderas que el curso anterior. Las horas de trabajo continúan siendo muchas: llego a la escuela en torno a las 7:30 in the morning y estoy saliendo en torno a las 17:00 in the afternoon.

He conseguido una foto con un clásico autobús americano. Mi escuela está en un programa de fomento de la bicicleta y no nos visitan autobuses amarillos.

La primera gran cita del mes de septiembre fue el día 11 (mi cumpleaños y un día para el recuerdo de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001) y Jose y yo decidimos acudir a una típica actividad americana: un rodeo de toros salvajes y reses enfurecidas. Del 10 al 20 de septiembre se celebró en Salt Lake la Utah State Fair, o feria del Estado, con muchos talleres, concursos, atracciones, juegos y demás parafernalia. El rodeo era una de estas actividades y, al ser el 11S fue el día del rodeo patriótico, por lo que todo el mundo iba con banderas americanas: en la ropa, en las gorras, en los coches. Todo llenos de barras y estrellas. Acudir a un rodeo es una experiencia curiosa, con profesionales que se ganan la vida semana tras semana, niños montando ovejas descontroladas, payasos, patriotismo y risas. Estas ferias estatales son divertidas y muy curiosas, con concursos de todo tipo: el mejor tomate, la mejor muñeca de porcelana, el mejor ternero, la cabra más educada, el caballo más pequeño del mundo, auténticas sirenas por 50 centavos...

 En el concurso de la cabra más educada mucho olor a estiércol y casi dos horas para encontrar a la cabuxa más fina.
 Al ritmo de Born in the USA (!) empezó un rodeo lleno de emociones y patriotismo. 
 Espectáculos a caballo y hermosas camisas estrelladas.
 Jose y yo íbamos preparados para la ocasión (y mi cañonero).
 Al ver esta tómbola, no pude olvidarme de "guiño, guiño" del jefe Wiggum. Atentos a mi ojo.
Este pepino ha ganado varios concursos por todo el Oeste americano. La feria estaba llena de estos concursos peculiares.

Después de este atracón de animales de granja y hortalizas, el siguiente fin de semana nos apetecía conocer un estado peculiar, al norte de Utah y por el que yo había pasado el mes de mayo camino a Yellowstone: Idaho. Esta vez Jose y yo nos dirigimos a la parte oeste del estado, con paradas en varias ciudades y parques naturales: Pocatello, Blackfoot, Craters of the Moon, Bellevue, Twin Falls y City of Rocks. Idaho es un estado muy rural, con la ganadería y la agricultura como motor de su economía, con capital en Boise, una ciudad con apenas 200.000 habitantes y muchas zonas de montaña, lagos y ríos. A Idaho se le conoce como el Potato State o estado de la patata, ya que producen un tercio de todas las patatas de Estados Unidos y están muy orgullosos de este tubérculo. Nuestra primera parada fue Pocatello, donde visitamos un réplica de un auténtico fuerte americano, el Fort Hall, muy realista y muy logrado, imitando esos míticos emplazamientos del siglo XIX. Seguimos hacia el norte para conocer una ciudad del Oeste profundo, Blackfoot, donde nos encontramos con una concentración de moteros y el museo de la patata del Estado.

 Los Ángeles del Infierno posaron para una foto conmigo ("Currículo me sigue sonando mal").
 Muy curioso esta mítica hamburguesería donde pides desde el párking y te sacan la comida al coche. 
 Entrada al Fuerte Hall, en un precioso día de verano americano.
 Una foto con la estatua del jefe Pocatello, que lideró las tribus indias en un momento difícil: la conquista del Oeste americano y las luchas contra los indios.
 La patata es la reina de Idaho.
 A la pobre Marilyn Monroe la han vestido como una cosechadora de patatas.
Nos ha quedado clara la importancia de la patata en la economía estatal.

Girando hacia el oeste, nos encontramos con la ciudad de Atomic City (perfecta como nombre para una película de Batman o Superman), de tan solo 29 habitantes y base de pruebas nucleares en los años cincuenta y sesenta. Sinceramente, en la definición de la nada en el diccionario podría aparecer una foto de este pueblo, perdido del mundo en las praderas de Idaho. 

El oasis del desierto: no se me ocurre un calificativo mejor para Atomic City.
 Panorámica de la calle principal del pueblo.
Las rocas lunares del suelo nos adelantarían nuestro próximo destino.

Pocas millas al oeste de Atomic City encontramos nuestra próxima parada en el mapa de Idaho: el Parque Nacional de los Cráteres de la Luna: un espacio único, original y la sensación de estar en el planeta lunar, rodeado de rocas negras y árboles retorcidos. Recorrimos el parque de arriba a abajo, haciendo todas sus rutas y con las bambas tiznadas de negro lunar. Un parque muy recomendable, aunque debe visitarse con cuidado, ya que está plagado de serpientes de cascabel (en el intervalo de 3 horas nos encontramos 3 o 4, de tamaño considerable). 

 Increíble paisaje lunar en el norte de Idaho.
 Me gusta hacerme una foto con los carteles de los parques que visitamos.
 Desolación y negro lunar, ¿a que si?
 Mis manos negras muestran la negra roca de Idaho.
 Las fotos hablan por sí solas. Falta Neil Armstrong con la bandera.
 Las rocas lunares no pesan demasiado.
 Una de las rutas más singulares que hemos hecho en este país. 
 Un sol de justicia y una buena cuesta: perfecta combinación.
Jose escogió pantalones cortos, un cebo para las snakes.
Parece el planeta del Principito, con su baobab y todo.

Tras un largo día de paisajes inolvidables, buscamos un motel de carretera pasa pasar la noche y coger fuerzas para el siguiente tramo del viaje. En la ciudad de Bellevue aparcamos el coche delante de la puerta de la habitación, buscamos un buen diner y recuperamos fuerzas para nuestra siguiente etapa: Twin Falls y City of Rocks, hacia donde nos dirigimos bien temprano la mañana siguiente, La primera parada nos mostró unas rutas maravillosas al lado del río Snake y unas cataratas de postal. La siguiente parada fue la Ciudad de la Rocas, un parque estatal donde la escalada es el deporte rey. 

 Rocas de todas formas y tamaños en La Ciudad de las Rocas.
 Esta zona de Idaho fue paso de carretas en la dura conquista del Oeste en el siglo XIX, en el conocido como Oregon Trail o Camino de Oregón. 
 Otra foto en un parque. Y van unas cuantas...
 Una preciosa foto de las cascadas de Idaho.
 Selfie en la cascada.
Me encantan los lagos que reflejan los días azules del verano.
 Llanuras y llanuras de rocas y piedras.
  A mis espaldas una de las rocas favoritas de los escaladores.
 Los conquistadores del Oeste y sus familias firmaban en su camino hacia el Oeste.
 Mi cañonero continúa como fiel compañero de viaje: más de mil millas en dos días sin rechistar.
Esa mancha negra es una persona haciendo escalada en las escarpadas paredes de roca de Idaho.

Con estos maravillosos paisajes en la retina, abandonamos Idaho y entramos en el norte de Utah, con una parada en Ogden para cenar y para que Jose conociera esta ciudad, que cuenta con una de las 10 calles más bonitas de Estados Unidos, la Historic 25th Street.

 En Ogden está el tren que portó la antorcha olímpica de los Juegos de Invierno de 2002.
Al estilo de la Abbey Road de Londres cruzo la calle 25 de Ogden.

Para terminar un completo mes de septiembre, el consulado de México en Salt Lake nos invitó, el día 16 de septiembre, a una celebración en el Multicultural Center de la ciudad: la celebración del llamado Grito de Dolores, una fecha fundamental en la historia de México, ya que esa mañana del año 1810, en la ciudad de Dolores (Guanajuato, México) un cura se sublevó contra la autoridad del Virreinato de la Nueva España, comenzado el proceso de la independencia de México. Lo celebramos de la mejor manera, rodeados de mexicanos, la tri, tacos, chupitos de tequila, Coronas, enchiladas, ¡Viva México! y mariachis. 

Con esta gran entrada cubro una parte de un intenso mes de septiembre, que completaré en la próxima con nuestra ya tradicional participación en la Comic Con, varias rutas por el otoño de Utah, la inminente llegada de Halloween y nuestro próximo destino para el Fall Recess o vacaciones de otoño. Una pista: la diferencia horaria con España durante esos días será de 12 horas. 

Muchas gracias a todos por leerme.

Jose se abalanza hacia las calabazas de Halloween como si no hubiera un mañana.
 Jose (con una toquilla a lo María Jiménez) y yo en el Trono de Hierro de Juego de Tronos.¡No sabes nada, Jon Snow!
Gran foto con Ian Somerhalder: el Boone de Perdidos y el Damon Salvatore de Crónicas Vampíricas. ¡Awesome, dude!

martes, 15 de septiembre de 2015

Water washes everything...

Después de un Labor Weekend bastante ajetreado, con aviones y nuevas ciudades en el noroeste de Estados Unidos, voy a actualizar este blog con una entrada dedicada a una de las ciudades más modernas, progresistas y liberales de todo el país: Seattle, con su lema el agua lo limpia todo.

La ciudad de Seattle está en el estado de Washington (no confundir con la capital del país, Washington DC, en la costa Este) y es la ciudad más grande del área del Noroeste, entre el estado de Oregón y el sur de Canadá. Seattle es la cuna de la música underground, grunge y más independiente, con grupos como Nirvana o Pearl Jam, del mejor café del país (de hecho, el primer Starbucks de la famosa cadena de cafés está aquí) y de los movimientos antiglobalización y en contra del G8 (las manifestaciones del año 1999 aún se conocen como la batalla de Seattle). Su símbolo es el Space Needle o aguja espacial, presente en series como Frasier o Anatomía de Grey y visible desde todos los puntos de la ciudad.

 La bahía de Seattle es espectacular y es muy difícil verla sin lluvia, ya que Seattle es muy conocida por sus días grises, nublados y lluviosos.
 Desde lo alto del Space Needle se observa el centro de Seattle (señora incluida). 
 Aquí nació la cadena Starbucks y sus míticos (y caros) cafés.
 Cafeína y árboles, todo en uno.
 Vista de la aguja espacial desde el suelo. Espectacular.
"A veces llueve aquí. Vale, llueve muy a menudo".

Seattle es una ciudad muy cómoda para recorrer a pie, sin necesidad de tener coche. La Space Needle es uno de sus puntos turísticos más reconocibles, pero esta ciudad tiene muchos encantos y sorpresas: el mercado de pescado o Pike Place Market, donde los pescaderos se lanzan los pescados a la cara y nunca se les caen; el EMP Museum, una especie de Museo Guggenheim dedicado a la cultura pop y a a los grandes músicos que esta ciudad ha dado al mundo (con Kurt Cobain a la cabeza); los equipos deportivos de la ciudad, encabezados por los Seattle Seahawks de fútbol americano; sus numerosos parques y mercados al aire libre, especialmente en el barrio de Fremont; el trol bajo el puente, los escenarios de Tom Hanks en Algo para recordar o Anatomía de Grey y la sede de grandes empresas tecnológicas como Microsoft, Boeing o la fundación filantrópica de Bill y Melinda Gates.

 El mejor marisco de USA se despacha a grito limpio en Seattle.
 A mis espaldas un laberinto de puestos de pescado fresco, fruta orgánica y café para llevar.
 Paredes y paredes llenas de chicle: mezcla entre curiosidad y asquito.
 Ajedrez urbano y a nivel humano en las calles del norte.
 En los muros del estadio CenturyLink de Seattle juegan (a golpes) los halcones.
 Bajo la lluvia de Seattle acompaño a Jimi Hendrix en un solo de guitarra.
 El Space Needle y la parte exterior del Seattle Grace de Anatomía de Grey.
 Jugando al Mario Bross (con su conocido soniquete).
 En esta ciudad, Nirvana es su Dios y Kurt Cobain, su profeta.
 Con el trofeo de la Superbowl ganado por los halcones marinos en 2014.
 ¿No os recuerda al Guggenheim de Bilbao? A mí mucho.
 Vistas desde el parque Kerry.
 Si vais a Seattle, no dejéis de buscar el trol de Fremont.
 Tener una estatua de Lenin en medio de la ciudad te da una idea de lo progresista que es esta ciudad.
 Jose y yo encontramos las tumbas de Bruce Lee y su hijo.
 Aquí comió Tom Hanks en Algo para Recordar. Llamarnos frikies es poco.
 A Seattle también se la conoce como La Ciudad Esmeralda.
 Panorámica del exterior del hospital donde trabajan (y mueren) personajes de Anatomía de Grey.
 Bill y Melinda Gates aman esta ciudad y su generosidad.

En resumen, una ciudad muy recomendable para pasar un fin de semana largo y muy cerca de otras ciudades interesantes como Portland, en el estado de Oregón, o Vancouver, en la vecina Canadá. Hemos apuntado para otra escapada la visita a la península Olympic, una zona de bosques muy verde y con pequeños pueblecitos con encanto, a una hora en dirección al Pacífico.

Para terminar, como el curso pasado, Halloween empieza a invadir las tiendas y los supermercados de la ciudad, aunque aún faltan casi dos meses para que llegue la noche más terrorífica del año.

Empieza la cuenta atrás para dulce o truco.
Este año tengo una placa nueva en mi puerta (¡y me encanta!).

Muchas gracias a todos por leerme y por seguirme en mis aventurillas americanas.

sábado, 22 de agosto de 2015

Estos días azules y este Sol de la infancia...

Este último poema de Machado, encontrado en un bolsillo de su gabán poco después de su muerte, describe perfectamente este mes de agosto en el lejano estado de Utah: temperaturas muy altas, rozando los 100º grados Fahrenheit, es decir, en torno a 40º grados Celsius. Para alguien poco amigo del calor y del Sol como yo, el aire acondicionado ayuda a sobrellevar esta ola que azota el Medio Oeste americano. En muchas tiendas, restaurantes o en mi propia escuela, hace incluso frío y al salir a la calle, te das cuenta del calor real.

El nuevo curso acaba de empezar, con el primer día oficial el pasado miércoles y muchos actos de inauguración a su alrededor: la ceremonia del alzamiento de la bandera, la Back to school night o noche de vuelta a la escuela la semana que viene, con el objetivo de conocer a los padres de los alumnos y que ellos puedan conocernos y ver la clase de su hijo/a, picnics de todo el personal del colegio para fortalecer el espíritu de equipo y demás actos. La verdad es que ayudan a fortalecer el sentimiento de comunidad y unidad entre padres, familia y colegio. ¿O será que me estoy volviendo demasiado pro americano? Es posible.

Hasta que los niños han empezado las clases he estado realmente atareado con la decoración de la clase, tarea a la que los profesores americanos dedican mucho tiempo y esfuerzo. Muchos de ellos empiezan a finales de julio a hacer murales, pegar carteles, colocar bordes, organizar material. El año pasado fue todo tan precipitado en mi llegada a Estados Unidos que no pude desarrollar "toda mi creatividad". Este año ya he podido decorar y preparar la clase a mi gusto. Y tiempo me ha llevado. Al llegar el primer día me encontré con una clase- almacén, con sillas apiladas y paredes vacías y, poco a poco y con mucho trabajo de decoración y manualidades, la he convertido en un espacio agradable, apto para una clase de 3er Grado. A ver que os parece.

 Una foto de mi clase- almacén a principios de agosto.
 La misma clase una semana después (horas mediante).
 Bordes, letras de colores y búhos: mi clase.
 El toro- piñata de colores vigila la clase.
 El mural del pasillo en modo caribeño.
 Para un torpe en manualidades como yo, no está mal, ¿eh?
 Las reglas bien claras, con sus consecuencias.
La zona de planetas y farolillos de colores.

Estos primeros días de clase se basan en la exposición de las reglas de la clase y las consecuencias de no cumplirlas, muy explicadas durante varias veces al día y se fijan los procedimientos de todo: la fila del pasillo, el cambio de asignatura, el reparto de material. Todo tiene que está organizado siguiendo unos procedimientos que los niños y niñas van interiorizando, sin sitio para la improvisación. Los estudiantes americanos están acostumbrados desde Kindergarten (educación infantil) a una rutina y al establecimiento de reglas muy claras. La verdad es que funciona si eres consistente y todos los días repites los mismos procedimientos y sus consecuencias. Por suerte, este año me han tocado niños y niñas muy educados y con mucha ilusión por aprender español, más tranquilos que los del curso pasado. Aunque estos primeros días no son definitivos (los americanos llaman a estos primeros días de escuela, honeymoon, es decir, luna de miel), las dos clases, de más de 30 alumnos por clase, tienen muy buena pinta. 

Este año mi escuela tiene una nueva principal o directora y una profesora nueva de español: una chica de Zaragoza que ha venido con su marido y su dos hijos, uno de los cuales tengo yo en mi clase de español de 3er Grado. Estos días he revivido mis primeros pasos en Utah hace exactamente un año y les he echado una mano para instalarse en la ciudad de Salt Lake: hacerse con una línea de móvil, buscar un coche, organizar la casa con algunos muebles. Es una familia muy agradable, con dos niños muy majetes.

 El marido de la profesora perdido en una yard sale o rastrillo doméstico. Objetivo: montar una casa gastando lo menos posible.
El pequeño Leo va asimilando la cultura americana a través de sus múltiples banderas.

Para finalizar esta entrada voy a añadir tres curiosidades sobre Estados Unidos que han llamado mi atención, costumbre que empecé el curso pasado:
7. La facilidad para darte de baja en servicios: prácticamente no existen contratos de permanencia con ninguna compañía y puedes dar de baja todo a través de Internet (gas, electricidad, seguro de coche) o simplemente dejando de pagar (muchas compañías de móvil). Un acierto para la agilización del día a día.
8. Los drive- thru conduce a través: las farmacias, los cajeros automáticos, las hamburgueserías, las panaderías, todo puede cogerse con el coche de por medio, sin bajarse del asiento del piloto. Una mezcla de comodidad y vagueza americana realmente práctica.
9. Las cartas en los buzones: la función del cartero es repartir las cartas a tu nombre (habitualmente facturas) pero, si le dejas en tu buzón las cartas que quieres enviar, el cartero te las recoge, las sella y las manda. Me pareció curioso. 

Para terminar, uno de los regalitos de los primeros días de uno de los niños: un kit de supervivencia realmente útil.

Una serie de artículos bien pensados.

Muchas gracias a todos por leerme, especialmente a la tropa de Lugo, que estos días se ha reunido y sé que les gusta leerme.

jueves, 6 de agosto de 2015

Con los pies en Utah... de nuevo

Hace cuatro días un avión procedente de Philadelphia, anteriormente de Madrid, anteriormente de Oporto, aterrizó, a eso de las diez de la noche, en un pequeño aeropuerto perdido entre las montañas del Medio Oeste americano. En ese avión, con las piernas rígidas y la batería del iPad agotada estaba un maestro de Vigo que se disponía a empezar el segundo capítulo de su aventura americana.

Salt Lake City me recibió con mucho calor y con una mala noticia: mi maleta se extravió en una de mis múltiples escalas. Reclamación, set de primeros auxilios higiénicos y a esperar que alguien me diera noticias. Ayer por la mañana (a eso de las 5 de la mañana) la recuperé.

Después de un verano de conciertos, campamentos, cenas, karaokes, amigos, familia, Geronimo (temazo!), Lugo y Mad Men, el domingo 2 de agosto llegó, el momento de emprender mi tercer viaje con dirección a Utah. Antes de nada, daros las gracias a todos por seguirme, leerme y contarme que os gusta lo que escribo y las fotos que comparto. Hace años, en una conferencia, un escritor decía que un libro que nadie lee es un libro que no existe. Esto funciona igual. Gracias.

El lunes, a primera hora, cursos de formación sobre el programa de Dual Immersion, y por la tarde, mudanza a mi nuevo hogar en este segundo año. Abandono los patos y mi urbanización para moverme un poco hacia el este, a una mítica casa americana de planta baja y cocina grande, un poquito más cerca de la escuela.

 Se parece a la casa de Luke o a la de Peyton.
Una urbanización tranquila, donde pasan menos coches que por la pista de Manzoi.
Para un experto cocinero como yo, esta cocina típica americana, imprescindible.

La mudanza ya está terminada y aquí pasaré este nuevo curso que empieza en apenas una semana. Muchas ganas de volver a dar clase, de reírme con las ocurrencias de los niños americanos, aplicar todas las nuevas técnicas educativas aprendidas y muchas ganas de volver a viajar por este inmenso país que todavía guarda muchos secretos y sorpresas. Para empezar, en el fin de semana del Labour Day, que el año pasado nos pilló a Jose y a mí por Las Vegas, nos vamos al norte, a conocer una de las ciudades más interesantes de la costa norte del Pacífico, la ciudad donde están ambientadas series como Anatomía de Grey o Frasier. En próximas entradas desvelaré su nombre. 

Jose viene a verme el 3 de septiembre y ya tenemos el mes repletos de viajes y eventos, entre ellos la visita obligada a la Comic Con, con nuevos famosos y anécdotas. Antes de eso, tengo trabajo por delante, principalmente convertir mi vacía y solitaria clase actual en un sitio acogedor y motivador para mis alumnos de español. Ya he empezado y me queda mucho trabajo por delante hasta lograrlo. 

Como en las dietas de adelgazamiento, pongo una foto del antes. La foto del después en menos de una semana. 

Poco más que añadir a esta entrada, ya que estoy recién aterrizado y aún no han comenzado las verdaderas aventuras. ¡Muchas gracias a todos por leerme y espero que me sigáis en este segundo capítulo por tierras americanas!